miércoles, 22 de octubre de 2008

Fin de clases

Cuando era más pequeño, siempre le preguntaba a mi mamá cuántos años me faltaban para terminar el colegio. Todos los años pensé “me faltan como 12 años para terminar el colegio”. Cuando estaba en primaria, veía la secundaria como interminable, como una vida. Pensaba, honestamente, que toda mi vida iba a estar en el colegio.

En tercero de media, nos hartamos del colegio y empezamos a hablar de “cuando vaya a la universidad…” o “cuando viva solo…”. En cuarto ya empezamos a pensar que vamos a estudiar. Y en quinto, al comienzo del año vamos y decimos “Me falta todo un año, todavía, su mare”. Un año interminable.

Hace poco vi la fecha de la fiesta de promoción y me volví a preguntar cuánto faltaba para que termine el colegio. Me asusté. Yo todavía hago un año más, por IB, pero la mitad de mi promoción termina el colegio este año, y yo, formalmente, también (recibiré un papel certificando que he terminado la secundaria). Una fecha que siempre vi a años luz está a menos de dos meses de hoy. Dos meses.

El final del colegio no está lejos de nadie. No hay que dejar las cosas para el bimestre o el año siguiente; cosas como ir a un service trip, hacer un deporte nuevo, aprender a tocar un instrumento, mejorar las notas, conocer gente... Antes que lo sepamos, podríamos estar en la fiesta de promoción con un nudo en la garganta, y no necesariamente por la corbata.

2 comentarios:

Alejandro S dijo...

Terminar el colegio se siente bien chévere, te prometo.

Jose Dammert dijo...

Si, me refiero a que no debe ser chevere terminar el colegio sin haber hecho nada